Unas palabras sobre el Bautismo debido a algunos malentendidos que escuché de parte los buenos, santos católicos practicantes.
Nosotros, las personas más maduras, recordaremos la definición tradicional de Bautismo del Catecismo de Baltimore.
“El bautismo es el sacramento que da a nuestras almas la vida nueva de gracia santificante por la cual nos convertimos en hijos de Dios y herederos del cielo”.
El Catecismo de la Iglesia Católica amplía esta definición tradicional citando Romanos 6:3-4. “3 ¿O no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? 4 Por tanto, fuimos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros vivamos una vida nueva.
La cuestión que surgió gira en torno al Bautismo en caso de emergencia, cuando una persona no bautizada podría morir antes de recibir el Bautismo.
En la Iglesia Católica los ministros ordinarios del Bautismo son un obispo, un sacerdote, y en el rito latino, un diácono. Incluso una persona no bautizada o incluso un ateo puede bautizar en una emergencia vertiendo agua ordinaria (ningún otro líquido es materia válida) sobre la cabeza de la persona que va a ser bautizada, diciendo la fórmula trinitaria “Te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” con la intención de hacer lo que la Iglesia Católica cree sobre el Bautismo.
Si en alguna circunstancia inusual la cabeza de la persona que va a ser bautizada no es accesible, el agua puede ser vertida sobre cualquier parte del cuerpo a modo de excepción.
Hay que tener en cuenta que es un abuso, por ejemplo, que un abuelo o abuela bautice “en secreto” a un nieto cuyos padres no lo han bautizado y probablemente no lo harán.
¿Y el limbo? El limbo nunca ha sido una enseñanza oficial de la Iglesia Católica. Brevemente, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
1261 Por lo que se refiere a los niños que han muerto sin el bautismo, la Iglesia no puede sino confiarlos a la misericordia de Dios, como hace en sus funerales por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios que desea que todos los hombres se salven, y la ternura de Jesús hacia los niños, que le llevó a decir: “Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan”, nos permite esperar que haya un camino de salvación para los niños que han muerto sin el bautismo. Es aún más urgente el llamado de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños se acerquen a Cristo mediante el don del santo Bautism.
